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Memorias del 2015 en 115 canciones y 25 discos

grimes

Al año nuevo hay que darle la cara y mirarlo a los ojos sin miedo, convulsión por delante, con buen maquillaje y un teclado Casio de juguete. Y es importante que, antes de lanzarse en un salto triple mortal de cara al 2016, no falte el acomplejado y memorioso listado que hace vibrar los recuerdos del año en forma de canciones y discos. Es por eso que el último día del 2015 llegó con el afán de armar este muñeco de año viejo de las canciones que me cautivaron y que ahora son banda sonora de los días que ya se echaron a la bolsa del pasado. Sumar, restar, armar y desarmar este listado siempre ha sido una tarea algo inútil pero que me sirve como mapa ubicar dónde estaba mi cabeza en ciertos momentos, encapsular sentimientos  y cultivar mejores recuerdos falsos y prestados para lo que sea que traiga el futuro.

Jugando al Tetris de las canciones y echando memoria, se me antoja ver un paisaje musical que en la superficie impulsó al cada vez más sólido género que alguna vez escuché nombrar como “Música de pasarela en Zara”, es decir, aquellas canciones que nacen con el evidente propósito de ser ligeros fondos de escritorio de la vida o decoración sonora de ropero. Y ahí nos quedaremos si se trata de ponernos odiosos. De esas canciones, por supuesto, habrá una que otra en esta lista, la cuota de administración necesaria para medir una buena camisa con el número 15 y salir a la cancha sin quedar muy despistado. Por otra parte, también respira con mucha vida lo que un amigo bautizó como “música de sintetizadores empoderados”, es decir, aquellas canciones desbordadas de capas de sonidos, sin prisa por construir un paisaje de sonidos reconocible y más bien armadas como si fueran anchetas del jaleo con ganchos del catálogo pop más archiconocido. Solo capas y capas de luz y brillo decidido como quien le echa más de tres, cuatro o cinco salsas a una hamburguesa.

En fin, un vistazo rápido va a decir que el EDM sigue con el diente afilado. Que todo esto es una pista de baile en decadencia.

Y sí, qué le vamos a hacer. Ya aprendimos a perder y aprendimos a querer, como dicen por ahí en alguna canción del listado.

Detrás de todo ese aguacero también aprendí que el 2015 fue un año en el que la música, debajo de esa superficie tan resbalosa de efectismos, gozó de mareas vitales. Durante este año muchos músicos confirmaron sus mejores pasos, se hicieron necesarios, y muchas de las mejores canciones encontraron su virtud en la sinceridad, en la experimentación sin derroche de trucos ni salidas en falso. Se ganaron batallas desde el desparpajo: agarrar, desbaratar y fijarle un nuevo sentido al sintetizador más pobre, a la guitarra más golpeada y a la letra más rebuscada. ¿Entonces fue el año del atajo creativo? No, no tanto, porque más allá de esos guiños que en apariencia se hacen tan fáciles en muchas canciones de este listado, se alcanza a ver por igual la búsqueda de muchos músicos que abrazan caminos que confrontan el lugar común, que quiebran lo que suena allá a lo lejos, en las orillas de los listados de los más vendidos. Y también están lo que juegan con fuego y aún así no se queman, los que vencen porque no le tienen pena a ese mismo lugar común y a partir de ahí reman y reman y nos hacen creer que no todo está tan muerto de aburrimiento. Que, por lo menos, anda en coma. Pensemos en lo que ha hecho New Order, pero también en sus enamorados más cercanos: Chvrches. O en Neon Indian y su genuino enamoramiento con el mejor pop ochentero. O en Jamie xxRionegro y Chromatics con esas claves tan bien sabidas, aprendidas y ejecutadas para que una canción no se escape de la cabeza.  Y así otros tantos nombres. Y pasarelas. Pero también garajes, bares y sobre todo un terreno más importante: la escenografía privada del audífono. Ya nos sabemos esta pirueta: muchos beben de las fórmulas más comunes, pero este año lograron convencernos de algo simple pero tan perdido de vista: todavía hay muchas esquinas por descubrir e iluminar en la sensibilidad del pop más “discotequero” (las comillas van en serio). Hay sensibilidad y decisión, rabia y deseo… todos esos patrones que visten a muchas de estas canciones con la angustia de algo que ya se perdió, con los sonidos de una escuela aprendida, con una nostalgia que ya es madura.

julia

Y ahí es donde aparece los genios de los detalles, las construcciones más desnudas y contundentes. Pensemos en esa extraña y redentora tristeza de Sufjan Stevens o Julia Holter, pensemos en la épica exploratoria que dejó tan vivo al jazz gracias a la manos de Alexander von Schlippenbach a sus 77 años y de Misha Mullov-Abbado a sus 24. Son de aquellos que apuestan por la sinceridad musical y lírica sin miedo extraviarse en un silencio. Y así hasta hilar un universo completo: la dureza de Courtney Barnett, la sensualidad de Dan Bejar, con una nueva aparición de su Destroyer, o los pulsos de krautrock y psicodelia que abraza con poder el talento pop de Reina Republicana, o la ternura tan elegante de Natalie Prass, o el tono tan intenso de los Deerhunter en el indie-rock más sofisticado, o la maestría de Damon Albarn y Graham Coxon al frente de un Blur que conoce los trucos sobre su lienzo y da cátedra acerca de los engranajes de una canción de rock, así como Kendrick Lamar quema sombras, sampleando con gusto el catálogo del mejor soul de los últimos 30 años, y dejándonos muchas de las mejores líneas del año para el hip-hop.  Todos, con una ruta de exploración básica, conocedores de sus herencias y sembrando pasos en la artesanía más fina, dieron algunos de los momentos más bonitos del 2015. Y así por montones, misceláneas de guitarras, bajos, arpas, saxofones, baterías y pianos aparecen en este bolso.

También hay otros triunfos, otra vez confirmados, de ese anhelo electrónico que ofrece deliciosas texturas en esas canciones cargadas de espasmos de energía nerviosa. Hay beats pegados, golpes que se repiten hasta sudar, pero ya no se trata de paisajes irregulares e inquietos que pueden ser clasificados fácilmente como “minimalistas” o ahijados del ambient. En cambio, sugieren un estancamiento ominoso, una quietud inestable que es la mejor descripción de nuestra época. Ese carácter es común en los trabajos de Murciano Total, con su pop electrónico y esa médula a la vez tan cercana al folclore español; Mueran Humanos, con una textura que podría confundirse tan fácil con la oscuridad más sentimental cuando se trata de una luminosa persecución del ritmo; el asfixiante placer de Paranoid London o Nicolas Jaar o Laureal Halo JLin o Beach House e incluso Grimes con sus paletas de sonidos que incomodan en el ruido, en espasmo medido, construyen una idea memorable e invitan a volver a dar play.

Puede ser eso, entonces. Si se trata escucharlas una sola vez, ahí estarán como sombras en un paisaje largo y sostenido, dulces que brillan ante nuestros oídos. Sin prisas. Pero si es para volver a ellas, estas canciones encierran el mérito común de una atmósfera de desesperación que seduce y sobre la que se puede volver una y otra vez para verlas (escucharlas) crecer.

En conjunto, fue un buen año para la música. Los 25 discos que propongo son notables en su gracia, incluso en sus errores. El listado, como he dicho en años anteriores, “no fija ni a las ‘mejores’, las ‘más influyentes’ o las ‘más importantes’ canciones o discos del año”. No vale la pena decir más. Seguro hay omisiones tentadoras, porque ahí están la trampa, la traición y el trofeo de los listados.

Al final todo esto sugiere un mundo de sonidos que va a toda velocidad, empujándonos hacia delante y hacia atrás, y que al mismo tiempo se las arregla para girar y girar mientras mira fijamente a sus pies, firmes en un mismo lugar. Y avanza, todavía puede avanzar.

115 canciones:

Pieza por pieza, en Spotify encuentran la lista de las 115 canciones amañadas bajo la sombrilla de Modernois. En realidad, si se fijan, van a ver solo 114, pero no se alteren. Solo sucede que la número 48 (Levitation, de Beach House) no está en el catálogo de esa plataforma. Sin problemas, siempre nos quedará YouTube para dar clic en ella.

25 discos del 2015

Una selección personal de 25 discos con el siguiente trayecto: la claustrofobia, el duelo, la abstracción más arty, la oscuridad del post-rock, la seducción más potente del jazz, las mezclas sabias de la electrónica más minimalista con el pop de toda la vida, casualidades llenas de vocoders, ritmos bailables y toques de cumbia, la experimentación más real y de ensueño con el tiempo y el sonido. Hay victorias y aciertos, muchos aciertos, en todas esas arenas y detrás de un envoltorio de melodías fáciles o proyectos imposibles, el 2015 deja una gran colección de discos. Cada uno va con un enlace que invita a ser pinchado para escuchar y celebrar.

discos_2015

Y menciones especiales para Natalie Prass con su disco debut y para Blur con su regreso en The Magic Whip.

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Y que sea bienvenido el 2016


por:
Dic 31, 2015

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