Textos

10 canciones de Paul McCartney que me gustaría escuchar en su concierto en Bogotá

La próxima semana se cumple un sueño para todos, o casi todos, los que veremos y escucharemos a Paul McCartney en el estadio “El Campín” acá en Bogotá. Yo, que no soy muy dado al exhibicionismo sentimental, confieso impúdicamente que me encuentro muy emocionado, y lo hago en forma de una lista de deseos que, con seguridad, no se van a cumplir el próximo jueves. Pero no importa, al fin y al cabo allí estaré, “sitting in the stand of the sports arena, waiting for the show to begin”.

You won’t see me (1965): Era un día de 1993. Una imagen de los Beatles apareció en la televisión y, como si fuera 1964, el tiempo se detuvo para mí y para mi hermano. La vida nos cambió para siempre. Ya he contado antes esta historia. Vivimos con asombro cada canción y cada foto -como la que escogió Robert Freeman- para el álbum que contiene esta canción:

For no one (1966): Tras la euforia del rocanrol me perdí en las canciones reposadas, las dulces y tristes a la vez, como “For no one”. Ejercían en mí un influjo poderoso. Lo que yo no sabía es que, años más tarde, la amargura manifiesta en esas canciones se haría tangible, me habitaría y me haría grande, un poco.

Goodbye (1968): Aquellos días también eran días de radio. Girando la perilla de mi viejo equipo de sonido una tarde descubrí que todos los días a las cinco un señor dedicaba media hora a la vida y obra de los Beatles. Jamás he sido tan fiel a un programa de radio o de televisión como lo fui con “Beatles 91.9” de Javeriana Estéreo. Le debo tanto a Gustavo Gómez Córdoba, conocer a Mary Hopkin, por ejemplo.

Too many people (1971): Fue inevitable sentir más gusto por las canciones de uno que del otro. De la mayoría de singles de la segunda etapa de los Beatles me gustaban más las canciones de Lennon que de McCartney. Además, a mis 14 o 15 años, la figura de John me resultaba más atractiva en cada biografía o artículo que leía. Al cabo de unos años dejé la pendejada y descubrí que Paul también laceraba cuando quería. En “Too many people” arroja dardos venenosos en forma de versos y falsete.

Hi hi hi (1972): Y después de los Beatles el show debía continuar. Tan fascinantes o más que la Plastic Ono Band fueron los Wings. Pop majestuoso y de largo aliento. A diferencia de Lennon, McCartney rodó todos los setentas, exhaló glam, disco, reggae y todo lo demás también. Clamó por Irlanda. Se rió de los demás en sus propias caras. Llegué muy tarde a los Wings, pero más vale…

With a little luck (1978): Una bendita obra maestra. Me pasa con ella lo mismo que cuando escucho “I’ve just seen a face” o “I’m looking through you”. Evocadora: “… just me and you”. Para qué más.

Mull of Kintyre (1978): ¿Cómo resistir ante tanta belleza? McCartney tiene el toque propio de los genios. Eso de alcanzar semejante hondura en una canción sin escatimar en sencillez y a la vez ser tan efectista, si se quiere. Pocos con esa virtud; y él, el más grande. Baste con ver y escuchar el siguiente videoclip.

That day it done (1989): Sobre todo a los Beatles les debo indagar en la historia de la música popular anglosajona del siglo XX. Con ellos visité el pasado y conocí a Roy Orbison, a Chuck Berry y a Buddy Holly. También conocí a Dylan y a los Byrds y a Tom Petty y a Elvis Costello. Declan MacManus, o el señor Costello, como usted prefiera, es hipermegafan de los Beatles y de McCartney. También fue tocado por la gracia y la fortuna: no sólo hace canciones grandiosas, también escribió, tocó, cantó y grabó junto a su ídolo. Esta canción, maravillosa y socarrona, es una muestra del tándem creativo McCartney/MacManus (sintiéndose un poquito en la piel de John Lennon).

Beautiful night (1997): Mi primer disco de Macca. Quiero decir, justo cuando me adentraba de manera compulsiva en el delicioso universo beatle en 1993 y 1994, se editaron las sesiones de la BBC, luego la Antología, y un par de años más tarde un nuevo gran disco de McCartney. “Flaming pie”, el primero desde que le conocía y escuchaba. En honor a la verdad, aquella canción llamada “Hope of deliverance” de 1993 no me hizo mayor gracia, pero este disco del 97 confirmó mi devoción por Paul McCartney.

Follow me (2005): Y bien, un día Mccartney decidió hacer otro álbum sublime. Entonces, por consejo de George Martin, se puso en manos de Nigel Godrich, el hombre del sonido del siglo XXI, exagero. No puedo describir la forma en que “Chaos and creation in backyard” me ha acompañado desde que salió. Todo lo que me ha enseñado en las horas bajas. Y la alegría y la esperanza.

Señor McCartney: ¡Gracias por tanto! ¡Gracias por venir!


por:
Abr 12, 2012

Comentarios