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La Onda Vaga del Cabo Polonio

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Cabo Polonio es un sitio como olvidado en algún punto de la costa Uruguaya, al este de Montevideo y al este de Punta del Este. Es un lugar perdido entre las dunas -que funcionan como una barrera natural para separarlo de la civilización- pero sobretodo es un lugar perdido en el tiempo, con algunas casas a medio construir y otras a medio destruir. Allí no hay energía eléctrica -más allá de alguna planta eléctrica que opera gracias a las bondades del ACPM- de tal manera que lo que se acostumbra es la fogata, especialmente en las noches. Y la fogata trae de la mano a los amigos y estos la guitarra. Estas son condiciones que lo hacen un lugar ideal no sólo para la observación de estrellas en la noche sino para la proliferación de hippies venidos, casi siempre, desde afuera de la República Oriental del Uruguay.

El Cabo tiene una deuda conmigo y yo con él. Es un lugar para visitar con tranquilidad y es por eso que haber salido abruptamente y medio enfermo de ahí no me deja tranquilo. Es un episodio interrumpido que regresa cada vez que vuelvo a ver las fotos que alcanzaron a quedar en mi cámara. Y regresa ahora, una vez más, cuando Ana desde Maldonado me recomienda que escuche a Onda Vaga. Son un grupo integrado por argentinos pero conformado originalmente en el Cabo, seguramente a la luz de una fogata encendida en ese lugar sin luz al otro lado del Río de la Plata.

Estos tipos de Onda Vaga, todos peludos y barbados, lucen como ese equipo de rugby cuyo avión se estrelló de panza contra los Andes y sobre el cual hicieron una de las películas más repetidas en la historia de la televisón nacional y el cable en general. Es un dato irrelevante en realidad porque la pinta es lo de menos y porque para hacerse una imagen basta y sobra con la foto aquí arriba. Lo que sí importa es cómo suenan. Yo los asocio mucho con Manu Chao y especialmente con la rumba española que se cocina entre su entourage, en medio de las giras. Efectivamente esas guitarras suenan como una rumba medio melancólica que se asocia con el folk, pero además con el reggae, la cumbia y algún repentino aporte electrónico. Será por esa mezcla tan diversa que escuchar el disco me resulta un acto culposo: tiene lapsos con los cuales me identifico fácilmente, pero se aleja de mí cuando por momentos (escasos) se pone excesivamente cumbiero, por ejemplo.

Que no se entienda mal, en todo caso. Si escribo sobre Onda Vaga es porque su música tiene esa habilidad para tocarme el alma de alguna manera. Por supuesto que en esto tiene mucho que ver mi visita truncada al Cabo y todo lo bueno y todo lo malo que recuerdo de esas dos semanas de viaje, con Nanda al lado salvándome un pedazo de vida. Son cosas que están intimamente relacionadas con lo que me produce escuchar ahora estas canciones o ver las imágenes del video de Mambeado, tomadas principalmente en ese lugar. Lo que queda no es tanto frustración o tristeza como ganas de volver. Ver con otros ojos y escuchar con otros oídos a esta especie endémica de hippies modernos de fogata, guitarra y iPod. Sentarme en esas playas tan desprovistas de cosas tan básicas como una sombra. Escuchar el mar helado, ver para arriba, contar estrellas y recordar la música que suena en mis audífonos en este momento.

Onda Vaga – Ir al parque

Onda Vaga – Mambeado

Onda Vaga – Va al oeste


por:
Nov 5, 2009

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