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October Falls: música feliz para corazones tristes

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A este blog le falta ruido. Con ese fondo negro en WordPress uno diría que hay más rabia, dolor, angustia y desesperanza. Pero claro, luego de un rato se da cuenta que uno que los títulos se hacen en fucsia y que los que escriben aquí no están lo suficientemente atormentados. No creo que les falten razones para eso, es solo que no oyen metal. Porque sólo se necesitan dos pasos –elegir la canción y poner play-, para dejarse caer al abismo aderezado por voces guturales, ambientes decadentes, algo de sangre y muerte, mucha muerte. Bueno, es eso o visitar Trujillo.

Es curioso como los metaleros se han obsesionado con los meses del año, sobre todo con esos meses del año en que los colores se van en picada y todos caminan por la calle como si escondieran algo. Hay una cantidad de bandas que le dedican sus canciones o sus nombres a los últimos meses del año como si fueran el signo del sufrimiento humano. No conozco la primera banda que se llame June sunshine happiness (aunque Woods of Ypres tiene un Final de Agosto que no es nada más que la entrada a la oscuridad, así como Agalloch tiene una Isla de Verano que… bueno, no la entiendo), pero sí conozco noviembres y diciembres acompañados de toda la tristeza posible. Y claro, October Falls es parte de eso.

Hay algo agónico que acompaña a esa banda desde el primer disco. Como si en cada riff dejaran una parte de la vitalidad de los músicos, como si desde el comienzo estuvieran firmando una suerte de potente desvanecimiento del planeta. Al comienzo todo es tranquilo, la atmósfera que generan sonidos de alguien muriendo, de algo que camina entre la piedras, tal vez una carroza, tal vez sólo una persona. De cualquier manera, lo sabemos, no es de día, y la canción impulsa a pensar que todos entramos en un torbellino que arranca con la velocidad inesperada de la batería, los gritos guturales y esas líneas melódicas de las guitarras. Bienvenido al nuevo black, ese que ya no espera solamente ser el sonido del final del mundo, sino el que quiere guiarnos por la más profunda infelicidad personal hasta que la sintamos tan nuestra que, cuando la canción termine, no podamos salir de ahí. Estamos todos juntos en ese remolino de tristeza que grita, que gime, que aúlla como si el que entrara tuviera que estar dispuesto a desangrarse.

Es un poco de dolor, de impotencia. A diferencia del black clásico –claro, en esto de los géneros a esto le dicen desde folk hasta dark-, aquí no vamos a escuchar llamados a Satán, a infinitas guerras nórdicas o a la destrucción del cristianismo para volver al bello paganismo. Aquí solo hay sufrimiento con paisajes, con explosiones de imágenes que parecen desprenderse del sonido y de un evidente naturalismo que a veces recuerda a La Vorágine, es decir, a esa vorágine que arranca en el momento en que la selva come hombres y la muerte es lo único que ordena la vida. Los gritos se esconden entre la música, como si saltaran entre la bateria, el bajo y las guitarras. Hacen eso para dejar que uno, al oirlos, se vaya con ellos de paseo por un escenario que nunca se detiene sino que cambia mientras cambia la música, como un pequeño viaje al interior de todo lo que hace llorar y no es bueno.

De pronto nada de eso es cierto. De pronto es música feliz para corazones tristes.

October Falls – Reefs

October Falls – I

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Sep 2, 2009

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