Textos

Rock al Parque, según Modernois

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Luego de casi dos semanas y luego de superado el rediseño de Modernois, me tomo el tiempo para hacer memoria y escribir un texto largo con mis impresiones de este Rock Al Parque número 15, además de algunas conclusiones de lo que fue este fin de semana festivalero visto de cerca. Lo mejor es empezar en orden y por lo mismo empezar hablando del día sábado, el día del metal.

Primer día (sábado)

Nunca en la historia de Rock al Parque me atreví a presenciar el famoso “día del metal”. El hecho de que se le conozca como tal hace fácil el descarte, porque al fin y al cabo, si todo el día es metal y a mí no me gusta el metal, pues para qué voy a que me pisen, a que me esculquen y a que me llueva encima? Ese es uno de los cambios que percibí este año: el día del metal no es tan tenebroso e insoportable como pensaba, aunque en esta nueva percepción puede que hayan influído diferentes factores:

  • Que esta vez no me quedé viéndolo de reojo por televisión, así que pude ver de cerca todo.
  • Que el área de prensa es un ambiente mucho más cómodo para abrir la mente y escuchar cosas diferentes.
  • Que el escenario Ciudad Rock sí resultó ser una alternativa para los del gusto más “blando”.

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El caso es que allí estuve toda la tarde aunque por momentos para lograrlo tuviera que tomarme la situación con humor. Escuché cosas que nunca había escuchado y que no se dejaron escuchar, en absoluto. Sonidos y actitudes que, por más abierto de mente que fuera, no logré entender. El lado positivo es que hubo otras cosas que sí pude conocer y que seguramente escucharé nuevamente. Quiero destacar entre eso a a The Devil’s Rejects, Black Sheep Attack, José Fernando Cortés y mis favoritos de ese día: Los Plankton, que hacen una música rocanrolera llamada “Surf” y que mientras los veía ahí, tirado en el pasto, me transportaron a los capítulos sesenteros de Batman, Adam West a bordo.

Segundo día (domingo)

El domingo arrancamos con los Auténticos Water Resist. Antes de Rock al Parque era difícil imaginar en ellos un sonido tan poderoso como lo que finalmente se escuchó en el Lago. Mientras tanto, los Ciegossordomudos tocaron una buena cantidad de clásicos y un par de los nuevos temas de su disco “En Paz”. También me gustó Alfonso Espriella, a quién me pude encontrar el domingo repartiendo flyers con su dirección de Myspace. Buen tipo, buena música. Más tarde Tom Cary sorprendió a los desprevenidos. De reconocer el hecho de que, a pesar de que su toque fue el sábado, volvieron el domingo para escuchar a las otras bandas. Muy bien también por Arbol, a quienes sólo pude ver más tarde en la retransmisión de Canal Capital.

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Caso particular el de Walka, un grupo de rock con fuertes rasgos de música y sonidos indigenas. Estuvieron muy presentes en todo el festival, sin embargo su propuesta, al igual que su discurso, se nota un poco débil y repetitivo. Otro detalle no tan bueno: lo de Ina Ich y Plastilina Mosh. Siendo las grandes bandas que son, pagaron el costo que representa tocar en un festival tan grande, con limitaciones en su sonido. La música de los mexicanos, al igual que la de Ina Ich, tiene gran parte de su fuerza puesta en la producción de sus discos, y todo este nivel de detalle en su trabajo, es lo primero que se sacrifica en una puesta en escena de este tamaño. Las presentaciones fueron notables y las sacaron con dignidad, pero suenan totalmente distinto a lo que sonarían en un sitio cerrado o en el mismo disco.

Tercer día (lunes)

El lunes empieza lento con cuatro bandas que juegan a lo mismo. La suma de un rock guitarrero y un sonido más bien neutro. Mucho de Foo Fighters, Oasis y U2 por ahí, demasiado para mi gusto. Me refiero especialmente a Artefacto, MadameComplot , 69 Nombres y El Sie7e. Si de las cuatro bandas debo quedarme con una, me voy por el lado de 69 Nombres, a quienes se les escucha un sonido mucho más maduro, que va desde el sonido y la composición misma, hasta la actitud en el escenario. Ya en otro tono, muy bonito lo de Profetas, un grupo con una cantidad de influencias que van desde Orishas hasta los Black Eyed Peas. También impresionaron mucho los de Bambarabanda, que venían desde Pasto a tocar por primera vez en Rock al Parque. Tristemente no llegué a tiempo y me perdí la oportunidad de verlos.

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Molotov, más tarde, transportó al pasado a buena parte de quienes ya a esa hora llenaban la plaza de eventos del Parque Simón Bolivar. Tocando los temas de siempre, desde ese polémico “Dónde jugarán las niñas?” hasta canciones de su próximo disco pusieron a temblar el suelo y a detener la música en varias oportunidades. La enorme cantidad de público saltando presionaba a los que estaban más adelante, pero no llegó a ocurrir nada lamentable. Un rato más tarde apareció Nawal con su reggae para calmar los ánimos. Cerraron con una canción de un grupo amigo, Bomba Estéreo. Su cantante, Li Saumet, se subió al escenario y arrasó con todo. Su voz pero sobretodo su energía, cerraron lo de Nawal en su punto más alto.

Luego de eso, cuando uno pensaría que todos se retiraban para no oir al “muy aburrido” Fito Páez, la presión y la presencia de la gente se empezaron a sentir con más fuerza. Los cambios de una banda a otra, siempre muy rápidos durante todo el festival, fueron la excepción en este caso: las guitarras y algunos micófonos no aparecían en la consola. Finalmente el argentino pisó el escenario a las 7:50 de la noche para comprobar con sus ojos (a los que tuvo que hacer sombra con sus manos) la enorme cantidad de público que había esperado para verlo. La gente quería rocanrol y rocanrol tuvieron, sin embargo, las canciones más coreadas fueron las tranquilas y conocidas de siempre. Fue un show largo y con bis a petición del público.

Conclusiones

Llegando a conclusiones de algún tipo, se me ocurre que debemos empezar a ver al festival como lo que es. Un espacio para escuchar de todo y escoger de lo que a uno le guste, aunque no tenga todos los discos y aunque no lo haya escuchado antes, ni de nombre. Rock al Parque no se puede comparar en muchos aspectos con festivales enormes como Coachella, Bonnaroo o Glastonbury, pero se puede decir con seguridad que aprendiendo de lo de afuera y aprendiendo de su propia experiencia, seguirá creciendo año tras año, en cartel y en logística. Ya es todo un logro la puntualidad en las presentaciones y tiene bastante de positivo esta nueva fecha, en la que pudimos tener clima caluroso y agradable, digna de un festival y propicia para tirarse al pasto a escuchar música.

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Tristes las ruedas de prensa. Algunas impuntuales pero sobretodo con muestras del peor periodismo musical que (no) tenemos. Medios que se preocupan más por hablar de sí mismos que por investigar y hacer preguntas medianamente inteligentes. Preguntas que apuntan simplemente a inflar el ya inflado amor patrio. En Modernois no somos gran ejemplo de astucia y pertinencia periodística, pero creo que siendo uno de los grandes colados en el festival, un blogcito de tres pesos, nos esforzamos y sacamos la labor adelante con dignidad.

En lo personal me fui del parque con varias lecciones aprendidas, prejuicios rotos y con algunos nombres anotados para buscar más adelante. Es esta música nueva y esta oportunidad para conocerla, el regalo más importante que la organización (con lo dificil que es traer bandas en pleno verano europeo) nos hace cuando se pone en la tarea nada cómoda de montar un Rock al Parque.

Muchos de estos descubrimientos debo agradecérselos al escenario Ciudad Rock: una alternativa real y en todo sentido a lo que se estaba presentando en las dos tarimas principales del escenario lago y el escenario plaza, los tres días del festival. Subestimado, este tercer escenario, resultó para mí por momentos un perfecto escondite con buena música y una actitud diferente. Este espacio medio alejado de todo, con la gente tirada en el pasto sin agolparse mucho, sumado al clima caluroso y el solecito sabanero, me hicieron pensar en lo que desde acá uno ve de festivales como Coachella, donde se montan muchos escenarios pequeños y mediados, donde la gente se toma su espacio para disfrutar la música aunque no la conozcan y aunque no haya una multitud de gente pogueando y empujándose alrededor.

Este tipo de propuestas son las que generan un cambio real en el curso del festival. Con suerte, gracias a espacios como este, en unos años no tendremos que vivir espectáculos bochornosos como lo del grupo (grande) de gente abucheando en el escenario plaza a Ely Guerra por “muy suave”. A Willy Vergara le encanta hablar de diversidad y de tolerancia, pero esto debe involucrar mucho más que el sólo acto de aguantarse las ganas de romperle una botella en la cabeza a un skinhead “porque es que a mí me gusta el ska”. La tolerancia y todo ese pisanlov debe ir más allá. Debe llegar a un estado en que dejemos de juzgar el valor de la música por la estridencia de sus guitarras o el volumen de las palabras, ojalá pronto así sea.


por:
Jul 11, 2009

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