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Port O’Brien, indie-folk que llega a buen puerto

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Día normal de colegio. Normal hasta que se anuncia que mañana viernes, los niños de quinto grado deben estar listos y en fila a las 9am frente a la puerta de la ruta 12 para una salida cultural al Parque Jaime Duque. La ruta 12 es famosa porque es la que tiene stickers de viejas en bola en el tablero del conductor y es por eso que en la ruta 12, contrario a como pasa en todas las otras rutas, los niños prefieren los puestos de adelante y no los de atrás. Esa ruta, mañana viernes, va a ir por la autopista hacia el norte, repleta de infantes que cantarán canciones como un coro de angelitos y de vez en cuando, asomarán su la cabeza por la ventana para escupir algún Renault 4 que pase por el lado.

Es así la ingenuidad a medias de este folk envenenado, como el canto de los niños, ingenuo en su sonido pero a la vez untado de curiosidad por el sexo opuesto y otras perversiones más normales en la vida real. Es así como se construye All We Could Do Was Sing, el segundo trabajo de esta banda gringa llamada Port O’Brien. El disco en su completa redondez contiene las dosis justas de alegría y melancolía que los cánones del indie-folk mandan pero, por favor, que en ningún momento se entienda como algo predecible, aburrido, monótono, encasillable o poco memorable.

Más bien al contrario: esta patota de hippies predeciblemete despeinados tiene la particularidad de haberse juntado en una ciudad costera del sur de California, llamada Cambria, al igual que la única voz femenina del grupo. Dada esta casualidad geográfica surge el nombre y nace toda una serie de constantes referencias a las costas, a los barcos y a los mares que se encuentran en el video, en las letras y en la atmósfera general.

Todo ese mar que se siente en el aire que exhala cada melodía está impregnado de buena energía como si hubiera sido inspirado por las mismas cosas que inspiraron en su momento a los Beach Boys. Ese aire playero llega a este oyente tan perdido entre las montañas como si fuera el mismísimo aire que viajaba con el mensaje en la botella de Sting. Es como si alguien hubiera logrado envalar medio respiro de esa frescura y olor a pescado dificil de encontrar en una ciudad gris y rectangular como la mía o la suya, y me lo hubiera hecho llegar, puerta a puerta, en un camión de Fedex o en una carpeta comprimida con WinRar. Para el caso da igual.

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Jul 24, 2009

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