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Radio Killed The Radio Star (O una diatriba muchos años postergada contra la música radial.)

oliv

Lo que sigue ha sido dicho de muchas maneras (probablemente mejores que esta) antes. Pero a todos les llega su turno y hoy es el mío. Y no es que hoy haya pasado nada en especial. Hoy no ha sido lo que uno podría llamar un “día radial”, pero los ataques de ira son así: nacen sin justificación, de la mismísima nada. Una cosa se suma a la otra y la otra a otra más hasta que llega la gota infinitesimal que pese a su tamaño llena el vaso y heme aquí embarcándome en un ataque rabioso a la radio, esa asesina de artistas y canciones.

La ocasión, si quieren, fue descubrir (o recordar (o reconstatar (o ¡Dios, no, Dios, no otra puta vez!))) que la radio francesa destruyó para mí cualquier encanto que pudiera tener Elle panique de Olivia Ruiz, una canción probablemente digna y que bien merecía ser la avanzadilla de su nuevo disco Miss Météores.

Amadísimos hermanos (y hermanas (y hermans), según la nueva regulación de redacción distrital que nos obliga a utilizar lenguaje no-excluyente en las entradas de Modernois si queremos (y queremas) continuar acreditados (y acreditadas) ante l@ filarmónic@), he aquí la sabiduría: La rotación radial, ese invento demoniaco que convierte sencillos en mantras que más bien parecen castigos kármicos, aplastó Elle panique a martillazos y sin compasión repitiéndola impunemente a diario. La bastardizó. Al diablo se fue la tonadita amable. Al inodoro la usualmente encantadora voz nasal de la Ruiz. Estoy a punto de cumplir un año en Francia y doy fe que desde que anunciaron el lanzamiento del dísco Elle panique ha aparecido (como en Aparición III: La Resurrección Del Fantasma Enano y (¡y!) Canibal) en radio cada vez que he cometido el error de olvidar que la radio comercial francesa (aquí reemplacen francesa por española, gringa, inglesa o colombiana si quieren), rota un promedio de diez a quince canciones por día (el número varía (pero nunca crece demasiado) dependiendo del grado de “independencia” de la emisora en cuestión) con el propósito de convencernos (a lo bruto) de que esas canciones son las que debemos comprar.

Pero no funciona. No y no. Todo lo contrario. (Se rumora, por ejemplo, que las torturas sonoras en Guantánamo no cuentan con una playlist específica: el encargado simplemente elige una emisora de radio de Miami al azar. Eso basta. Una mezcla de eso y waterboarding hace confesar cualquier cosa al más bravo.)

La industria musical lleva ya años culpando a los programas de intercambio de archivos de su baja en ventas. Muchos han cuestionado esa acusación (sugiriendo cosas absurdas como que el dinero se trasteó de la música a los videojuegos) pero pocos han tenido la valentía de denunciar al verdadero culpable: los discos no se venden porque estén disponibles gratuitamente en línea sino porque la radio destruye cualquier intención de compra que un oyente sin problemas de compulsión (o amnesia) pueda a su bien tener. Esa es la verdad. No busquen más.

Las canciones se gastan. Durante el cierre de los noventa y el inicio de la década que ya casi termina, extasiados con el formato mp3, recolectamos gigas de música que arrumamos en discos duros más y más pequeños. Hoy es cada vez más frecuente (y mejor visto) borrar (especialmente si se trata de música que le guste a Juan Diego Velasco, diseñador de esta página.) Y la razón por la que borramos es porque las canciones nos cansan. Todo después de un rato suena a Bon Jovi (que es el tipo de música que le gusta a Juan Diego Velasco) y este proceso pasa cada vez más rápido. La radio necesita cambiar si no quiere desaparecer. Pronto los promotores musicales descubrirán la verdad sobre sus quiebras y nadie se apiadará de un medio que parece no saber más que saturar y arrastrar canciones por el pavimento hasta que quedan convertidas en sonsonetes insoportables, como el que viene a continuación:

OLIVIA RUIZ – ELLE PANIQUE



por:
Jun 15, 2009

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