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Quiéreme, Negra – Poncho Pilato y su Rumbita Arequipeña

poncho

Poncho Pilato tenía veinticinco años cuando se encontró la fama por accidente en un bar de su Arequipa natal. La fama le dijo «Ven conmigo, Cielo» y Poncho la siguió hasta las instalaciones locales de la emisora El Sol. Corría 1965 y el Perú era distinto, diría él. Los Corraleros de Majagual eran los reyes. Todos querían ser como ellos. Poncho cantaba, pero no era bueno. Lo suyo era la lírica. Poncho a los veinticinco parecía ya un hombre viejo, curtido, solemne; no muy distinto de como es hoy. Se sentaba en las plazas desde entonces a filosofar, igual que su abuelo, fumando pipa y mirando las montañas, componiendo canciones sin apuro en su cuaderno que siempre carga, escuchándose cantar pasito hasta estar seguro de que estaban bien. Más que un músico, Poncho Pilato siempre se ha considerado un pensador, un analista.

Y aunque no era un gran cantante había algo atractivo en su arte. La música de Poncho era y sigue siendo sencilla y al punto. Cuenta historias cotidianas de su barrio y su vida y las recrea con peculiar dulzura. Poncho narraba a su gente y su gente respondía. Las canciones de Poncho Pilato y su Rumbita Arequipeña son un retorno nostálgico a los inicios sabrosos de la cumbia peruana, a la temprana influencia del Huayno y otros ritmos andinos que enriquecieron la versión colombiana original. El inolvidable Poncho Pilato es pura cumbia peruana sin la lamentable degradación reciente que ha desecrado la tradición. En Quiéreme, Negra (1967), su primer sencillo, Poncho cuenta sus andanzas con una mulata de Lima, Zoila, que lo deja por su primo el cerrajero. En el climax de la canción, Poncho va a la casa del primo a pedirle un favor, lo encuentra encamado con Zoila, le mete un tiro a la desgraciada y llora. «Quiéreme, Negra,» dice el coro. «Ahora que te has ido, quiéreme, por fin, Negra. No me dejes solo.»


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May 16, 2008

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