¿Pero qué tiene eso de especial?, dirán. ¿No es ese ejemplo una consecuencia simple del Efecto Walkman? ¿No es sólo la música –como siempre– adaptándose a la realidad?
Y sí, tienen razón, podría ser así. Tal vez nos dejamos engañar por el sagaz Braff y vemos una sincronía entre la escena y la música cuando ocurre todo lo contrario; pero entonces –y este es el verdadero misterio– ¿por qué Braff sabía cuál sería la banda sonora antes de empezar a escribir el guión?
El gran encanto de Garden State es que en esta película, como en pocas, la música no fue un complemento secundario a una escena. La música de Garden State nació antes y Braff creó escenas que la requirieran. La historia del regreso de Andrew Largeman a New Jersey y su providencial encuentro con Sam es un video musical secreto, una coreografía, una danza narrativa. Por eso a veces pareciera que la música sola cuenta la historia. No es accidental. Nada lo es. Miremos otro ejemplo:
La fiesta en la mansión de Jessy termina y Sam y Largeman se quedan sentados junto a la chimenea. Andrew acaba de contarle a sus amigos lo que le hizo a su madre. Silencio. Sam le pregunta si está “en ello”. Largeman no entiende. Sam le explica que cuando su madre la ve rumiando algo en la cabeza le dice así, que está “en ello”. Largeman asiente. Se ríe. Propone hablar de cosas buenas, glass full shit stuff. Sam dice que tiene cerveza, que él qué tiene. Largeman dice que él también tiene cerveza y hace una pausa. «Y me gustas,» dice. Todo esto ocurre en el más absoluto silencio en una sala inmensa. Hay música contenida que uno casi puede oir. Largeman añade: Y sí, eso es lo que tengo, y Sam le dice entonces que ella sabe bailar tap. ¿Quieres que baile tap? Y la música está implícita, ojo, la música nos acompañó durante toda la escena pero no se escuchaba. Bajo la conversación, como en un juego de caiga en la nota, corría Fair de Remy Zero, y cuando Sam se para para bailar el cantante está diciendo –no lo oimos, pero eso dice– que esta noche el sol verá su luz, justo antes del coro, con la cámara alejándose de la escena y Sam bailando mientras se escucha «¿Y si me atrapas dónde caeremos?…» y uno entiende, claro, que no podía ser de otra manera.

















Es increible cómo la misma escena puede causar el mismo impacto en diferentes personas. Definitivamente el cine es todo un arte. Esa escena a mi me impactó mucho y me parece una de las escenas románticas mejor logradas en el cine contemporáneo. Por el juego de cámara, el diálogo, la música, la danza de la Portman. Incluso la canción no “suena” igual si uno la escucha completa. Es como si sólo “haciendo parte” de un conjunto, tomara significado. Es raro a la vez.
PD. LEI SU NOTA DE ARSENAL. TAMBIEN LO HABIA ESCUCHADO Y APARTE DE “SWITCH” ME ENCANTA “EITHER”.
PD2: KÉ TAL UN POST SOBRE IMOGEN HEAP Y FROU FROU. ME GUSTA MAS FROU FROU KE LA NENA COMO SOLISTA
— May 19, 2008 a las 3:05 pm
felicitaciones por el post. Honesto, verdadero, acertado. la canción y la escena, cada una sola, son hermosas. juntas son todo un viaje.
— June 13, 2008 a las 9:32 am
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