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Beck – Que onda, Guero

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Nunca me gustó Beck. No comprendía sus melodías de una sola nota, ni sus canciones extrañas, ni su onda en general. Veía, sin embargo, que todos sus discos obtenían las calificaciones mas altas en las revistas especializadas (lo que no significa nada en si mismo), que todos los músicos que conozco lo tenían en el podio de los músicos de culto (lo que tampoco significa nada en si mismo), y que su obra ha sido alabada por, entre otros, artistas de la talla de David Bowie (Lo que no significa nada en si mismo pero para mi si, un poco).

Escéptico aún, al escuchar Guero, su último disco, entendí mucho mejor porque hace lo que hace. Beck es un músico realmente original, que vino a ocupar en los 90 el puesto que ocupó Prince en los 80 y Bowie en los 70: esto es, el del artista que sin hacer música excesivamente trascendental o sublime en un sentido tradicional, mezcla innovación musical y una producción muy elaborada y radical, con muchísima teatralidad y estilo en la puesta en escena. (Beck ha sido galardonado varias veces con el Vh1 Fashion Award y supongo que eso significa algo).

Pero más allá de esto, escuchar una canción de Beck es casi como ver un collage, no de Braque o Picasso, sino del propio Rauschenberg. La ciudad, la cultura moderna, la confluencia de corrientes y sonidos de la cultura popular, (pop-junk leí por ahí), genera un concepto ya no exclusivamente musical sino artístico, a la búsqueda de destacarse por la diferencia y la independencia, en una explosión a veces caótica y posmoderna de géneros y sonidos descontextualizados que ondean entre el hip hop, el rock y la cultura latina, enmascarados en letras irónicas y algo absurdas que desafían los cánones del mainstream y permanecen como una bandera de originalidad y vanguardia en la música actual. Sus canciones bien hacen bailar y a la vez producen extrañeza, poniéndonos en contacto con cosas que uno jamás esperaría escuchar en una canción común.

Todos estos elementos hacen de la producción de Beck algo realmente elaborado y avanzado, sin ser por esto progresiva o intelectualista. La electrónica y los ambientes acústicos que remiten al folk en algunos de sus trabajos menos conocidos, sumados por un lado a un nihilismo juvenil que fundamentó el grunge en los 90 y por otro a la tradición del arte Fluxus y sus radicales implicaciones artísticas por vía de Al Hansen, su abuelo, lo han transformado desde hace años un icono del rock alternativo. Beck nunca dejó de grabar con sellos indie, aún cuando fue lanzado como artista mainstream y logró gran fama y reconocimiento internacional a partir de varios singles que sin embargo conservaban del todo su impronta personal (Loser es el ejemplo mas recordado).

Beck, el hombre y no el musico, tiene mucho estilo (Aunque como en el caso de Bowie, Prince y Miles Davis, la distinción entre estilo y música se hace casi imposible). No es lírico ni melódico, ni su musica hermosa o emocional. Innovador e incluso gracioso, nos presenta con Güero un disco que hace cabecear, bailar, carcajear y maravillarnos por lo original que suena y por la crudeza brutal de sus canciónes, envueltas en ese halo extraño que producen los sonidos que elige, los arreglos que propone, la atmosfera diversa, llena del fulgor caótico y díficil de la vida moderna, que al valerse de estos elementos la hace al final tan radicalmente individual y libre, lejana de lo que cualquier otro músico hace. En resumidas cuentas, Beck sabe como tomarse la no seriedad muy en serio, tomando elementos de la cultura popular en su dimensión alienante y algo basuril, para reorganizarla y hacer, por el contrario, musica totalmente fuera del molde.

Nunca me gustó Beck pero ahora si me gusta, carajo.
Con ustedes la elegante Que onda, Guero.

“I think my whole generation’s mission is to kill the clich'” – Beck

Natalia Lafourcade – Tiempo al Viento



por:
Ago 4, 2006

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